
La fortaleza interior y el arte de la soberanía
El viejo maestro de la estoicidad, Epícteto, dejó grabada una verdad tan simple en su formulación como implacable en su cumplimiento: en este vasto teatro del mundo, la existencia se divide con precisión quirúrgica entre aquello que constituye nuestro reducto sagrado y aquello que pertenece por entero a la veleidosa marea del azar.
Lo verdaderamente nuestro —el santuario del pensamiento, el pulso intocado de la voluntad, la trinchera firme de la actitud y la forma en que decidimos mirar las ruinas— es un reino inexpugnable. Ninguna fuerza humana, por más cruel o tiránica que se muestre, puede asaltar ese territorio sin nuestro consentimiento previo.
En cambio, todo lo exterior —el aplauso volátil de la muchedumbre, la salud quebradiza que se nos escapa entre los dedos, el oro que va y viene, o la caprichosa reputación que los demás construyen a nuestras espaldas— no es más que humo. Es una materia frágil, esclava y sujeta a mil vueltas del destino.
El origen del naufragio humano:
La raíz de casi todas nuestras zozobras cotidianas se esconde en una confusión elemental: pretendemos escriturar a nuestro nombre lo que por naturaleza pertenece al viento.
Queremos gobernar la opinión ajena, retener los bienes materiales que caducan al primer cambio de estación y blindar un cuerpo físico que inevitablemente se rinde ante el paso del tiempo. Y en esa lucha insensata, absurda y perpetua contra la corriente, terminamos naufragando.
Nos enojamos con el destino, culpamos a los astros o a las personas de nuestro entorno, y arrastramos una frustración crómica porque exigimos que la realidad se doblegue ante nuestros caprichos.
Hacia la verdadera libertad:
Mas cuando uno aprende a separar con claridad meridiana lo que le pertenece de lo que le es ajeno —trazando una frontera invisible pero infranqueable entre la decisión propia y el accidente exterior—, el panorama cambia de forma radical.
La verdadera maestría no consiste en controlar el mundo que nos rodea, sino en domesticar el eco que ese mundo deja en nuestro interior.
Cada vez que la ansiedad te sacuda por algo que escapa por completo a tus manos, recuerda que la vida no te pide que ganes todas las batallas del tablero externo, sino que preserves intacta tu paz.
Cuando asumes que la crítica ajena es solo ruido lejano y que los reveses del camino son meros accidentes del clima, la prisa y la urgencia se desvanecen. Ya no buscas la libertad en la frágil aprobación de los demás ni en la falsa seguridad de las cosas estables. La construyes, ladrillo a ladrillo, en el silencio de tus propias decisiones, allí donde las tempestades del mundo ya no tienen permiso para entrar.
Natuka Navarro – Luna Poetiza

Qué interesantes y valiosas son las consideraciones que Epícteto nos propone para el mejor éxito de nuestra vida, que tú, hermana Natuka, bien te afanas en dárnoslas a conocer, como en este caso con los matices de "La fortaleza interior y el arte de la soberanía".
Y como viene siendo, al parecer, algunas de mis intervenciones sobre la filosofía del Estoicismo, aquí quiero comentar sobre un asunto que considero importante a tener en cuenta, y es sobre esos "azares" que ocurren en nuestras vidas, si es que consideramos que "todo surge del interior", en este caso de lo inmerso en nuestro Ser, para configurar lo externo de forma adecuada a él, sin que lo casuístico deba ser considerado, sino que todo obedece a una Ley que está por encima de las humanas y de todo acontecer que queramos justificar de mil maneras.
También se dice, y yo estoy con ello, que "lo externo viene a mostrarnos la condición de nuestro interior", es decir, que el mundo "que cada cual observa" o se ve afectado por él (seguro que cada cual de una manera diferente en su interpretación y en sus efectos), responde a lo que internamente se mueve en él. Quien cultiva su Paz interior, la Paz lo envolverá; quien cultiva el Odio, el Odio encontrará; quienes juzgan, serán juzgados;.... si bien no hay tiempo específico para que esas cosas ocurran, pues las vidas son continuas y el tiempo es infinito. "Hallaremos de aquello que sembremos"; es la Ley. No ocurren accidentes fortuitos, sino regidos igualmente por la Ley que mueve cada situación personal. Y de aquí la importancia de cuidar de nuestros estados internos y de la coherencia de nuestros actos y pensamientos con lo que buscamos ser de coherencia vital con la espiritualidad que habita en nosotros.
También hay un dicho evangélico, de Lucas, donde podemos leer: "los cabellos de nuestra cabeza están contados y ni uno de ellos perecerá sin el conocimiento o cuidado de Dios". Y en este caso la intervención de Dios habría que considerarla como lo que mueve desde la Esencia que somos, y en la cual "interviene" Dios, lo externo de nuestra persona.
Teniendo, pues, lo anterior en cuenta, todo lo que ocurra en nuestro entorno (en lo social, lo económico, lo ambiental,...) tendrá algo específico que ver con cada cual, bien por algo que mueve desde su subconsciente (motor de nuestras vidas), o bien por algo que debamos saber encajar por ser "requerido" por nuestra alma en su proceso evolutivo. Toda justificación con azares, casualidades, coincidencias,... no será más que el mostrar que no estamos con los procesos necesarios para la Vida, sino en nuestros deseos y expectativas egoicas.
Angel

«Mira de qué podemos hablar, que tengo algo por ahí de lo que hablamos en un foro que ya no existe.»
《Sobre el control y lo que depende de nosotros》
«No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos de ellas.»
«Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no dependen de nosotros.»
«La principal tarea en la vida es esta: distinguir y separar las cosas para poder decirse a uno mismo qué es exterior y no depende de mí, y qué es lo que concierne a mis propias elecciones.»
«Si quieres que tus hijos, tu esposa y tus amigos vivan siempre, eres un necio, porque quieres que lo que no depende de ti esté bajo tu control.»
«Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo.»
«Cuanto más valor damos a las cosas exteriores, menos poder tenemos sobre nosotros mismos.»
«No busques que los acontecimientos ocurran como tú quieres; desenrédate de que ocurran como ocurren, y serás feliz.»
«Los hombres no se alteran por las cosas, sino por las opiniones que se hacen de ellas.»
«No exijas que lo que sucede suceda como tú deseas; más bien, desea que lo que sucede suceda tal como sucede, y serás feliz.»
«Si te irrita cualquier molestia externa, no es el evento el que te perturba, sino tu propio juicio sobre él. Tienes el poder de revocarlo en cualquier momento.»
Sobre la libertad y el poder interior.-
«Ningún hombre es esclavo si es libre en su interior.»
«La libertad no se consigue satisfaciendo los deseos, sino suprimiéndolos.»
«¿Quieres ser invencible? No entres en ningún combate donde no esté en tu mano ganar.»
«El hombre sabio no se aflige por lo que no tiene, sino que se alegra por lo que tiene.»
«Nadie puede herirte a menos que tú lo permitas; solo te haces daño cuando decides que te lo han hecho.»
«Dueño es de sí mismo quien es dueño de sus pasiones.»
«No te avergüences de necesitar ayuda. Tienes una misión que cumplir como un soldado en el asalto. ¿Qué hacer si estás herido y no puedes trepar solo al muro? Te ayudas de tu compañero.»
«Es imposible que un hombre aprenda lo que cree que ya sabe.»
«Haz lo que debas y deja que ocurra lo que tenga que ocurrir.»
«Ningún mal ocurre sin que al mismo tiempo se nos otorgue la fuerza para soportarlo.
Sobre la prudencia, el silencio y la acción.-
«Tenemos dos orejas y una sola boca para que podamos escuchar más y hablar menos.»
«Más vale callar que hablar en vano.»
«No digas mucho entre los necios, haz más bien lo que conviene.»
«Si alguien te dice que otro habla mal de ti, no te defiendas de las acusaciones; responde: "Ignoraba mis otros vicios, pues de otro modo no habría mencionado solo estos".»
«La riqueza no consiste en tener grandes posesiones, sino en tener pocos deseos.»
«Ninguna persona libre puede ser un cobarde, y ningún hombre dominado por el deseo puede ser libre.»
«Primero di a ti mismo lo que serías; y luego haz lo que tengas que hacer.»
«Examínate a ti mismo con rigor antes de juzgar la conducta ajena.»
«La naturaleza nos ha dado una lengua y dos oídos para que escuchemos el doble de lo que hablamos.»
«No te rindas ante el primer obstáculo; persevera, pues la constancia es la llave de todas las puertas.»
Sobre la adversidad y el carácter.-
«Las dificultades son las cosas que muestran quiénes son los hombres.»
«Por lo tanto, cuando te ocurra un contratiempo, acuérdate de volverte hacia ti mismo y buscar la facultad con la que cuentas para hacer frente a este caso.»
«Las circunstancias no hacen al hombre, sino que le revelan a sí mismo.»
«No busques que los eventos se adapten a tus deseos; adecua tus deseos a la realidad.»
«Cuando alguien te ofenda, piensa que tiene sus razones para hacerlo, y perdónalo.»
«Todo evento tiene dos asas: una por la cual puede ser llevado, y otra por la cual no puede.»
«Si tu hermano te agravia, no recuerdes tanto su injusticia, sino más bien el hecho de que es tu hermano.»
«La filosofía exige que el hombre ponga a prueba sus principios en la práctica.»
«Un hombre no debe avergonzarse de reconocer que se ha equivocado, pues con ello demuestra que hoy es más sabio que ayer.»
«No busques la grandeza fuera de ti; la verdadera grandeza reside en el dominio de tu alma.»
Sobre la autodisciplina y la vida cotidiana.-
«Si quieres mejorar, descarta la idea de que puedes ser negligente en las cosas pequeñas.»
«La verdad es la única muralla inexpugnable contra el dolor del mundo.»
«No te gloríes de ninguna excelencia que no sea tuya propia.»
«El tiempo nunca regresa; aprovecha el presente con sabiduría.»
«Es mejor morir de hambre viviendo con alma limpia y sin miedo, que vivir en la abundancia con el espíritu inquieto y esclavo.»
«No confíes en tus amigos por lo que te prometen, sino por lo que hacen.»
«Acepta con ecuanimidad aquello que no puedes cambiar, y ten el valor de transformar lo que sí está en tus manos.»
«La ignorancia es la causa de todos los males de la humanidad.»
«El refugio más seguro contra las tormentas de la vida es una conciencia tranquila.»
«Vivir bien y morir en paz dependen únicamente de la rectitud de tus actos.»

Pues "hablar de esas cosas" requiere comenzar expresando que...
Son extraordinarias concreciones que, en teniéndolas en cuenta, la vida nos resultaría más grata y más eficiente.
Hay, quizás, puntos sobre los que pudiéramos extendernos, pero no me viene a la mente por cuál comenzar, así que te propongo entresacar uno y que lo tratemos en más profundidad.
Estás de acuerdo, querida hermana y amiga?
Pues si es así, ¡adelante y te espero!

Querido Ángel:
Gracias por esta reflexión profunda sobre la relación entre lo interior y lo exterior. Tus palabras sobre Epícteto y el Estoicismo enriquecen nuestro diálogo, especialmente esa idea de que "lo externo viene a mostrarnos la condición de nuestro interior".
Me resonó profundamente lo que planteas sobre los azares y las coincidencias: no ocurren accidentes fortuitos, sino que todo obedece a una Ley superior. Cultivar la paz interior nos rodea de paz; sembrar odio, cosecha odio. No hay tiempo específico, las vidas son continuas y el tiempo infinito. "Hallaremos de aquello que sembremos".
La referencia evangélica de Lucas —"los cabellos de nuestra cabeza están contados"— me lleva a considerar la intervención divina como lo que mueve desde la Esencia que somos. Todo en nuestro entorno tiene algo específico que ver con cada cual, ya sea desde el subconsciente o requerido por el alma en su proceso evolutivo.
Tienes razón: toda justificación con casualidades solo muestra que no estamos en los procesos necesarios para la Vida, sino en deseos y expectativas egoicas. Cuidar nuestros estados internos es el verdadero trabajo.
Gracias por compartir esta sabiduría, Ángel.
Te mando un abrazo cálido y fraterno.
Natuka Navarro - Luna Poetiza